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Deutschland.de - Tema del día

Por qué la ciencia y la democracia se condicionan mutuamente

“La libertad tiene muchas dificultades y la democracia no es perfecta. Pero nunca tuvimos que construir un muro para retener a nuestro pueblo y evitar que se vaya”, dijo John F. Kennedy en 1963 en su famoso discurso en Berlín. La libertad (de pensar, opinar, investigar y viajar) y la democracia están íntimamente ligadas. Pero son logros extremadamente inestables que deben ser reafirmados una y otra vez. La libre adquisición de conocimientos, el debate crítico y las controversias son un fundamento esencial de la libertad de la ciencia, un derecho fundamental en Alemania y, simultáneamente, un pilar de la democracia liberal. Pero “La libertad de enseñanza no exime de la lealtad a la Constitución”, dice en el párrafo 3, artículo 5 de la Ley Fundamental. Los científicos y estudiosos deben ser conscientes de la responsabilidad que se deriva de su libertad. Los límites legales y éticos de la investigación son puestos a prueba en el contexto de los procesos y debates sociales. Simultáneamente, la posibilidad básica de poder elegir libremente los objetos de investigación es un logro del sistema político liberal que debe preservarse en aras de la diversidad y la creatividad. Precisamente esa libertad de la ciencia refuerza la capacidad innovadora de la economía y la sociedad. En la era de las “noticias falsas” y la “información falsa”, el intercambio activo y una buena comunicación científica son absolutamente esenciales. Especialmente hoy es importante fortalecer el coraje de llevar a cabo debates imparciales. Ello incluye también la aceptación del “convenir en disentir”. Porque solo a través de un discurso abierto y la discusión con quienes piensan distinto es posible hallar nuevas soluciones. La democracia pluralista y una ciencia heterogénea y libre van de la mano. Ambas exigen autodisciplina: aprender, escuchar, comprender, pensar, argumentar, extraer conclusiones, tomar decisiones. Sin embargo, la democracia y la libertad de la ciencia deben ser defendidas una y otra vez, solo así podremos hacer frente fortalecidos a los retos del futuro.

Kristina Spohr

Por qué religión y democracia tienen que ver entre sí más de lo que uno cree

La democracia y la religión tienen el mismo objetivo: el bienestar del pueblo. Llevar a la práctica los deseos de los ciudadanos y apoyarlos para que vivan libres y felices en su país es la esencia de la democracia. La religión, por su parte, es un catálogo de reglas que guía a las personas para que puedan vivir en armonía juntas en una sociedad. Si la democracia no logra garantizar el bienestar de los ciudadanos, ha fracasado. Lo mismo sucede con la religión: si traiciona sus principios, se convierte en una tiranía y un instrumento de destrucción. Cuando hablamos de justicia, nos referimos a que el Gobierno debe asegurar las necesidades básicas de los ciudadanos. Del Gobierno esperamos que haga lo correcto, que sea eficaz y eficiente. Lo mismo vale para la religión. La justicia es uno de los principios básicos de la religión: tratar a todos los seres humanos con equidad e igualdad, no favorecer ni discriminar a nadie. La religión, a partir de los individuos, forma una sociedad. Nos enseña que todos somos hijos de Dios y que nadie es mejor que otro. Si queremos construir una democracia, es esencial que las mujeres formen parte de ella. A veces, las instituciones religiosas o estatales ni siquiera les enseñan a escribir, algo imprescindible para que estén informadas sobre sus derechos. Sí, soy una monja católica, pero también soy ciudadana de Nigeria. Puedo elegir al Gobierno y criticarlo si no logra garantizar la igualdad. Algunas personas no entienden la relación entre religión y democracia. Dicen: hermana, eres monja, no debes hablar de política. Pero, por supuesto, tengo el derecho de reclamar que el Gobierno rinda cuentas. Veo muchas ventajas en la democracia, pero también veo debilidades. ¿Tienen otras sociedades enfoques diferentes para promover la libertad, la dignidad y la igualdad? Si así es, debe­ríamos aprender de ello. Para promover la paz, necesitamos tanto la religión como la democracia.

Agatha Ogochukwu Chikelue

Por qué el periodismo independiente es tan importante para la democracia

No hay libertad sin libertad de prensa. Y sin libertad de prensa no hay democracia. Para que la democracia siga siendo fuerte, se necesita un periodismo independiente, como alimento de la sociedad libre y piedra angular de todo sistema democrático. En Alemania y en todos lados. Desde esa perspectiva, los periodistas tienen la responsabilidad social fundamental de defender los valores democráticos básicos. Ello requiere, ante todo, trabajar correctamente: orientarse por estándares profesionales y éticos, sin perder nunca de vista la veracidad, la dignidad humana, la meticulosidad y una exhaustiva información. Pero eso no agota en absoluto el compromiso con el sistema democrático. Los periodistas tienen una misión que va más allá de eso. Después de todo, producen un bien público. Por eso, no solo tienen que cuidar profesionalmente de su trabajo, sino también del estado del mundo. Y sí, también tratar de mejorarlo: luchando por la libertad, los derechos humanos, la justicia y una sociedad abierta. Los periodistas son proveedores públicos de servicios para la de­mocracia. Ello debe ser dicho y defendido una y otra vez, en voz alta y sin temor. Si no lo hacemos en Alemania, ¿dónde lo haremos? ¿Qué hay de todos esos países en los que insistir en los derechos de libertad es mortal? La libertad de prensa está amenazada en todo el mundo. Periodistas asesinados, torturados, encarcelados, perseguidos. Incluso en países de la UE aumentan los peligros para los profesionales de los medios de comunicación. Ello debe asustar a quienes desean defender la libertad como derecho humano. Los pe­riodistas no tienen por qué ser héroes. Solo deben hacer su trabajo. Describir el mundo con palabras e imágenes, analizarlo, explicarlo y comentarlo. Sin embargo, precisamente allí donde regímenes autoritarios reprimen brutalmente las aspiraciones democráticas, donde se extiende el miedo y se recurre a la autocensura, se necesita mucho más que las cualidades habituales del oficio periodístico. Se necesita idealismo. ¡Pasión! Allí, la prensa debe ser intrépida, mostrar valor y resistir. Porque el periodismo independiente es el alimento de la democracia, que debemos defender.

Bascha Mika

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