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Mensaje del Cónsul General Peter Rondorf en el día de la Unidad Alemana

Celebración con motivo del Día de la Unidad Alemana 2019 en el Pabellón Mies van der Rohe

Celebración con motivo del Día de la Unidad Alemana 2019 en el Pabellón Mies van der Rohe, © Deutsches Generalkonulat Barcelona

04.10.2018 - Artículo

Estimados invitados, estimadas invitadas:

En el día de hoy, en la celebración del Día de la Unidad Alemana, en la que los cinco nuevos länder surgidos de la antigua RDA entraron al ámbito de vigencia del Grundgesetz, la Constitución, me permito saludarles a todos.

Este año también celebramos la caída del Muro de Berlín hace 30 años y, quizás aún más importante, la aprobación de la Constitución de Bonn hace 70 años. Siguiendo la lógica política y legal, el 3 de octubre de 1990 no hubiera sido posible sin el 9 de noviembre de 1989, y mucho menos sin el 23 de mayo de 1949.

Pero también nos acordamos de dos hitos históricos que visualizan el despertar de la primera democracia alemana, y su total fracaso: la aceptación de la Constitución de Weimar hace 100 años y el estallido de la Segunda Guerra Mundial hace 80 años.

El conjunto de estos datos históricos y su análisis, demuestran que la República de Weimar no estuvo condenada al fracaso desde un principio a causa de deficiencias. Le fallaron los demócratas y el apoyo de una gran parte de la élite.

Lo mismo se puede aplicar a la Constitución de Bonn. A pesar de las conclusiones que se sacaron del fracaso de la Constitución de Weimar, hay que defenderla cada día de nuevo. Nuestra democracia liberal y progresista está expuesta a muchas amenazas.

Así, nos debería preocupar que, en el día de la conmemoración del asalto de la Wehrmacht a Polonia, un partido ultraderechista pueda sumar más o menos un cuarto de los votos en dos länder en las elecciones regionales. Un signo de que, aún tres décadas después de la unificación de Alemania, muchos ciudadanos, y no solo del Este, no saben, o ya no saben, orientarse en el orden político establecido en la República Federal.

Lamentablemente no solo en la República Federal, sino también en muchos otros países europeos, los votantes se inclinan por opciones políticas populistas y sencillas, y en algunos lugares, éstas opciones pueden sumar una mayoría. Quien por ello saque la conclusión de que éstas políticas son legitimadas por la democracia, no ha entendido la esencia de la democracia occidental. Democracia es ante todo el amparo de las minorías, minorías que siempre pueden llegar a ser mayorías.

Dado que la democracia se alimenta del entendimiento de que la mayoría no siempre lleva la razón, y que la buena política surge de la competición de las opiniones, el Grundgesetz ha entendido que una simple mayoría no puede decidir sobre ciertos asuntos importantes y elementos constituyentes del bien común democrático, ya que esta mayoría puede acabar siendo una tiranía.

Claro que en principio se puede cambiar cualquier constitución, pero solo con los procedimientos ideados especialmente para ello. Algunos artículos del Grundgesetz incluso gozan de una protección eterna. Quien se desvíe de estos procedimientos, quiere tirar el orden constitucional vigente por la borda. Se puede denominar como uno quiera, pero no democrático.

Estas son las lecciones que sacó la República Federal del fracaso de Weimar. La República Federal fue tan atractiva para millones de ciudadanos de la RDA, que el 3 de octubre de 1990 los alemanes fuimos capaces de poner en marcha pacíficamente nuestra unidad, con el consentimiento de todos los vecinos y socios. 

¡Brindemos por ello!

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